Hasta el cielo…
Esta mañana, en un abarrotado templo, hemos celebrado el funeral de nuestro querido Rector y Párroco D. José Luis Alonso Tuñón. La Santa Misa ha sido presidida por el Sr. Arzobispo y concelebrada por más de cuarenta sacerdotes.
En una hermosa homilía, D. Jesús, ha recordado la gran labor sacerdotal de Donjo, así como sus cualidades humanas de acogida que le adornaban. Su afición musical, su gusto por el cuidado de la liturgia y del templo. Y sobre todo la amabilidad y fraternidad para todo el mundo. Un sacerdote entregado a su ministerio que gasto todas sus fuerzas en ejercerlo.
A la conclusión, nuestro Hermano Mayor leyó, en nombre de la parroquia, unas sentidas palabras de despedida que reproducimos a continuación.
“Así como la lluvia cae y empapa la tierra y no vuelve al cielo sin antes hacerla fecunda. También la Palabra de Dios no retorna sin antes hacer fecundos los corazones de quienes la reciben”.
Era uno de los símiles que más le gustaba recordar en sus homilías. Hoy nosotros tenemos la hermosa tarea de recibir en nuestra parroquia esa lluvia de sus enseñanzas y ejemplo para que esta comunidad aproveche con bien su ministerio entre nosotros. Largos años de derramar la gracia del Señor por medio de los sacramentos que impartió, las homilías que pronuncio y el testimonio de vida entre nosotros. Destacando siempre que lo importante es la parroquia, por encima de la individualidades, el sentirse y ser iglesia que vive en comunión fraternal en la que fue su querida diócesis de Oviedo. A eso estamos llamados a continuar. Y hoy presididos por nuestro pastor, D. Jesús, seguro que él nos lo agradecería desde lo más hondo de su corazón, si continuamos haciendo y siendo parroquia.
Nos hemos reunido para despedirlo celebrando lo que la Madre Iglesia hace con todos sus hijos, la Pascua del Señor, la Eucaristía por su eterno descanso. Dando gracias por todo lo bueno, pidiendo misericordia por lo malo y encomendado su alma al buen Dios para que le premie con el banquete celestial. Un día triste por la separación terrena, pero dichosamente esperanzado porque, o casualidad, el Evangelio del domingo pasado, su última misa parroquial, nos recordaba que no hay que temer a los que pueden matar el cuerpo pero no el alma, porque para Dios somos lo que más valor tiene. Y sin duda, y pesar de los posibles pecados, has sido un servidor fiel, digno del banquete del Señor.
En una ocasión, de los muchos momentos de charla que tuvimos, hablaba de un funeral de un párroco fallecido en ejercicio. Y del comentario que surgió entre dos sacerdotes asistentes: menudo funeral, así lo quisiera para mí. Y el otro respondió: para eso hay que morir en la plaza. Pues en la plaza has entregado tu alma sacerdotal, y el funeral hemos intentado que sea poniendo todo el alma, cariño, piedad y corazón. Una despedida dura e inesperada. Pero confiada en esa vida eterna y plena que el Señor nos alcanza.
De buen cristiano es ser agradecido y hoy tu familia y parroquia lo es con todos aquellos que han mostrado sus condolencias y, sobre todo, han elevado una plegaria por tu eterno descanso. A todos ellos deseamos que el buen Dios os lo premie. Especialmente al Sr. Arzobispo por encajar esa agenda, a veces dichosa y apretada, que tantas veces tiene que modificar y trastocar para acompañar en el último adiós de sus sacerdotes. Muchas gracias D. Jesús y quiera Dios que sea más manos que imponga a neopresbiteros que unciones de despedida.
Querido D. José Luis, querido Donjo, querido Don, querido Pepe Luis, querido Tuñón (perdón Alonso Tuñón que como decías “que tengo padre, ohh”)… tantos nombres salidos del cariño de los diferentes lugares por donde has pasado “haciendo el bien”. Nos despedimos con los ojos terrenos llenos de lágrimas, pero con la esperanza puesta de un hasta pronto, con los ojos sonrientes de la fe. Como decían los Beatos Seminaristas Mártires (que tanto querías y venerabas): hasta el cielo. Que Ella, la Santísima Virgen (de Covadonga, de los Dolores, de los Remedios, del Cébrano, la Purísima,… advocaciones muy veneradas por ti), te lleve de la mano ante su Hijo. Y a nosotros nos ayuden a continuar la tarea de ser Iglesia en medio de esta, tu Parroquia de San Isidoro el Real. Hasta pronto Donjo, nos vemos.
Como es costumbre en la parroquia la Santa Misa de las doce del próximo domingo se aplicará por su eterno descanso, como el Santo Rosario de la próxima semana.
(Fotografía cortesía de La Nueva España)

